Habían pasado dos años desde la última vez. Ya no eran los mismos.
Ella estaba muy nerviosa. Quería dar buena impresión. Seleccionó cuidadosamente la ropa que iba a ponerse. Se vistió de negro, recogió su pelo en una coleta y decidió ser natural.
Pensaba en como sería el reencuentro, en todo lo que habían hablado, en como habían cambiado. Ya no había pasión, ni desgarro. Todo era más reposado, más tranquilo, pero no podía evitar ese pellizco en el estomago que se hizo más agudo al salir del parking de aquella plaza que los vio encontrarse por primera vez.
Siempre en septiembre.
Llegaba tarde. Caminaba deprisa entre la multitud, pero deseaba detener el tiempo en ese instante. Se moría de ganas de volver a verle, pero tenía miedo de asomarse a esos ojos verde limón.
De repente se dio cuenta, nada era igual pero era lo mismo. Descubrió la luz de su mirada entre la gente que se arremolinaba ante la puerta de aquel teatro. El sonreía mientras caminaba hacia ella. La contempló un instante y la estrechó entre sus brazos. Un apretón de los que calan hasta los huesos. Se sintió arropada.
Nunca después volvió a sentir lo mismo. Nadie jamás volvió a abrazarla así.
Ella estaba muy nerviosa. Quería dar buena impresión. Seleccionó cuidadosamente la ropa que iba a ponerse. Se vistió de negro, recogió su pelo en una coleta y decidió ser natural.
Pensaba en como sería el reencuentro, en todo lo que habían hablado, en como habían cambiado. Ya no había pasión, ni desgarro. Todo era más reposado, más tranquilo, pero no podía evitar ese pellizco en el estomago que se hizo más agudo al salir del parking de aquella plaza que los vio encontrarse por primera vez.
Siempre en septiembre.
Llegaba tarde. Caminaba deprisa entre la multitud, pero deseaba detener el tiempo en ese instante. Se moría de ganas de volver a verle, pero tenía miedo de asomarse a esos ojos verde limón.
De repente se dio cuenta, nada era igual pero era lo mismo. Descubrió la luz de su mirada entre la gente que se arremolinaba ante la puerta de aquel teatro. El sonreía mientras caminaba hacia ella. La contempló un instante y la estrechó entre sus brazos. Un apretón de los que calan hasta los huesos. Se sintió arropada.
Nunca después volvió a sentir lo mismo. Nadie jamás volvió a abrazarla así.
11 comentarios:
Me encanta que sepas que un abrazo es la mínima distancia entre dos juntos, segmento de vida en el club de los que llegamos tarde a todas partes. Nos lo podemos permitir, porque estamos, ¿no?
No hay que tener miedo a asomarse a unas pupilas... bien cargadas, sin hielo, en vaso bajo.
Abrazo grande! ^_^
Gracias bombón :*
muy emotivo el relato, y sí,un abrazo,una mirada, te puede paralizar el alma,por supuesto
saluditos grandes
Y siempre y todo nace y se pdure en el estómago.
Feliz abrazo
Se feliz
Es paradójico lo que pueden crear las distancias celosamente tomadas. Que bellos son los reencuentros, un espejo que nos devuelve una imagen de nuestra propia alma en el pasado. Saludos.
Buen final: el abrazo, con que se abarca y recupera aquello que se creía perdido. Siempre me han parecido curiosos los abrazos; menos sensuales que el beso, no abren la puerta del sexo, pero sí la del cariño.
Un saludo.
Y, ¿hasta qué punto ese abrazo no lo dió en realidad el pasado...?
Supongo que el abrazo era una mezcla de demostración de afecto, emoción contenida, ganas de transmitir lo que las palabras no hubieran podido describir nunca pero… nada del pasado estaba presente aunque influía en lo que sentíamos en ese momento. Quererse tanto después de haber amado tan apasionadamente no es fácil y lo conseguimos.
Creo que josemoya ha captado perfectamente lo que quería expresar, le doy mucha importancia a los abrazos porque dicen mucho de los sentimientos.
El comentario de Zifnab me lo guardo para título de un post, con su permiso.
Gracias por la visita a los nuevos y encantada de seguir recibiendo a los habituales. Betty nos vemos en la pecera.
Besos.
A veces se puede decir tanto sin palabras...
Menospreciamos demasiado el poder de un abrazo.
Un beso.
A veces creemos dar nuestros sentimientos y olvidamos que sólo son patrimonio nuestro y de nadie más. Un beso.
Muy bonito, el reencuentro con viejos compañeros de fatigas y de sueños siempre deja esa alegría y esa esperanza tan cerca del corazon que tarda días en desaparecer. Ojala tengas ese regusto por largo tiempo!! Buen relato!!
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