Trabajé tres meses en una gasolinera.
Me gustaba el trabajo. La verdad es que pensándolo bien siempre me gustan todos los trabajos que pruebo. No debe ser un buen síntoma. Se supone que el trabajo es un castigo divino pero yo siempre le encuentro el puntillo.
Todos los compañeros se peleaban por ponerse en la caja. Yo no. A mí me gustaba el surtidor. Cada cinco minutos una cara nueva. Alguien diferente con quien conversar. Y siempre un tema distinto. No soportaba el silencio ni los tópicos. Nunca hablaba del tiempo. Ni de fútbol. Ni de política. Ni de lo cara que se estaba poniendo la gasolina.
Con los habituales hablaba de libros. Les contaba la última peli que había visto. Me hacían la crítica. Era divertido.
A los clientes de paso les daba información turística, les decía lo que no podían perderse de la ciudad. Les recomendaba un restaurante o un sitio de copas adecuado a su estilo. A la vuelta me contaban su impresión. Casi siempre acertaba.
A los camioneros les buscaba un lugar tranquilo para descansar y les ofrecía un café.
Los domingos no hablaba. Operación regreso del fin de semana y los madrileños llenando el depósito aprovechando que en mi comunidad no se pagaba el “céntimo sanitario”
Me gustaba el trabajo. La verdad es que pensándolo bien siempre me gustan todos los trabajos que pruebo. No debe ser un buen síntoma. Se supone que el trabajo es un castigo divino pero yo siempre le encuentro el puntillo.
Todos los compañeros se peleaban por ponerse en la caja. Yo no. A mí me gustaba el surtidor. Cada cinco minutos una cara nueva. Alguien diferente con quien conversar. Y siempre un tema distinto. No soportaba el silencio ni los tópicos. Nunca hablaba del tiempo. Ni de fútbol. Ni de política. Ni de lo cara que se estaba poniendo la gasolina.
Con los habituales hablaba de libros. Les contaba la última peli que había visto. Me hacían la crítica. Era divertido.
A los clientes de paso les daba información turística, les decía lo que no podían perderse de la ciudad. Les recomendaba un restaurante o un sitio de copas adecuado a su estilo. A la vuelta me contaban su impresión. Casi siempre acertaba.
A los camioneros les buscaba un lugar tranquilo para descansar y les ofrecía un café.
Los domingos no hablaba. Operación regreso del fin de semana y los madrileños llenando el depósito aprovechando que en mi comunidad no se pagaba el “céntimo sanitario”
Atendía un máximo de cuatro a la vez y las colas eran interminables. Y no sólo les servía la gasolina, había que quitar y poner el tapón del depósito. Les ofrecíamos limpiar el parabrisas. Buscábamos una grúa cuando era necesario. Revisábamos la presión de las ruedas, etc., etc., etc.
Ante la competencia mi jefe se decantó por la calidad del servicio y acertó. Los clientes agradecían mucho los detalles. Se notaba en las propinas.
Un domingo de marzo llegó un motero. Se colocó en el surtidor de 98 y esperó paciente su turno. El único surtidor de sin plomo 98 estaba un poco aislado del resto. Sólo éramos dos compañeros en pista y no dábamos abasto. Cuando querías darte cuenta ya había otro cliente ocupando el puesto del anterior y el motero esperando. Y yo sufriendo porque los coches entraban y salían y el seguía ahí plantado.
Me decidí. Le dije al que acababa de parar que me iba a atender al de la moto porque se estaba cabreando. El hombre asintió y salí disparada.
Un domingo de marzo llegó un motero. Se colocó en el surtidor de 98 y esperó paciente su turno. El único surtidor de sin plomo 98 estaba un poco aislado del resto. Sólo éramos dos compañeros en pista y no dábamos abasto. Cuando querías darte cuenta ya había otro cliente ocupando el puesto del anterior y el motero esperando. Y yo sufriendo porque los coches entraban y salían y el seguía ahí plantado.
Me decidí. Le dije al que acababa de parar que me iba a atender al de la moto porque se estaba cabreando. El hombre asintió y salí disparada.
Le di las buenas noches al de la moto.
Lleno, por favor y una pregunta: ¿Por qué le has dicho a ese tío que estoy tan enfadado? Yo no he protestado.
Le contesté con una sonrisa: Porque si no le cuento una mentira te quedas aquí plantado toda la noche. El fin justifica los medios.
Y me soltó un NUNCA tan rotundo que me dejó colorada, confundida y tan traumatizada que todavía me ruborizo cuando lo recuerdo.
2 comentarios:
Mira que me hiciste reir al final. Por cierto, mirate eso del gusto por el trabajo... no es normal, de veras, es algo parecido al masoquismo.... uff
Me recuerda un dicho chileno que dice "fuiste por lana y saliste trasquilado"; es decir, por "creer" hacer un bien, saliste tú mal... Tengo dos lecturas: o el tío ese pertenece a algún grupo separatista o terrorista de esos que van con todo por delante o, te estaba mirando embelesado y finalmente, llenaría el estanque por sus propios medios. En fin, con los hombres nunca se sabe. Un beso.
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